Autolesión o la necesidad de hacerse daño a uno mismo

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“No recuerdo exactamente cuándo comencé a hacerme daño, puede que ya en el colegio… Sí, solía arañarme la piel con la punta del compás. Después vinieron los cortes. Al principio eran pequeños y no lo hacía muy a menudo, pero cuando quise darme cuenta era incapaz de parar y tenía los brazos llenos de cortes y de marcas. Y también había comenzado a vomitar… Recuerdo lo bien que me sentía después de cortarme, era como si todo el odio, asco, dolor y frustración que sentía, saliesen de mí a través de estas heridas o vomitando. Un alivio momentáneo, ya que

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